Uruk-hai

Los Uruk-hai son seres ficticios dentro del universo fantástico de la Tierra Media creado por Tolkien. Se identifican en El señor de los anillos como una clase o conjunto de clases de poderosos orcos que sirven a Sauron y a Saruman.

Creados originalmente por Sauron en la Tercera Edad, cruzando orcos con trasgos, para usarlos como soldados contra los Pueblos Libres de la Tierra Media. Saruman aprendió los métodos de Sauron y los copió para construirse su propio ejército. No se sabe con qué malas artes hizo estas criaturas, aunque los pozos de nacimiento descubiertos en la Cuarta Edad debajo de Isengard hace pensar que Saruman utilizó minerales y otros depósitos de las cavernas para que se desarrollaran bajo el suelo. Mientras que no había dos orcos iguales, los Uruk-hai tenían un aspecto uniforme: piel negra y de un rojo oscuro, ojos grandes y amarillos, y cabellos largos y negros.

Los uruks tenían piernas fuertes y rectas y medían más de 1,80 m. A diferencia de los orcos más deformes, a éstos no les molestaba la luz del sol. Pese a que no le tenían miedo, al parecer les quemaba la piel y ésta adoptaba un aspecto negro muerto y ceniciento.

Los Uruk-hai fueron creados exclusivamente para servir y luchar, no para huir. Se colocaban la marca de su amo (la mano blanca) por todo el cuerpo como símbolo de fidelidad o como una marca de posesión para Saruman.

Los Uruk-Hai contaban con un gran talento bruto para la lucha que los convertía en máquinas fuertes y obedientes. Eran brutales, disciplinados, resueltos y persistentes, capaces de recorrer grandes distancias sin apenas descansos. Al igual que todas las criaturas sometidas al ojo, los uruks eran terriblemente despiadados y sin cualquier tipo de compasión. Bastaba un entrenamiento básico y elemental sobre las armas para transformarlos en el ejército ideal.

Los uruks tenían la respiración dura y profunda y eran unas criaturas enormes, unos gigantes de pecho, cuello, hombros y mandíbulas de gran tamaño. Gruñían de forma constante y hacían muecas casi siempre, casi como si sufrieran un dolor continuamente y su único alivio fuera la violencia. Andaban como si estuvieran subiendo una cuesta con zancos, porque desde que nacían les metían en pesadas armaduras, y sus pasos daban impresión de peso y velocidad. Recibían un entrenamiento limitado, sólo lo más básico, pero eran luchadores letales e instintivos, mucho más fuertes y peligrosos que los orcos.

Usaban bracamartes y escudos para golpear y aplastar. Se defendían con la fuerza, nada de refinamientos o desviaciones, sólo golpes brutales que devolvían el arma que les atacaba por la dirección en la que había venido. A veces ni siquiera se molestaban en defenderse; confiaban en su armadura y se lanzaban directamente al ataque. Golpeaban y rajaban y en ocasiones daban la vuelta a la espada y utilizaban la punta de atrás para inmovilizar a un enemigo, o simplemente lo destripaban con las puntas de su escudo.

Antes de que Saruman lanzara su ataque contra el reino de Rohan, buscó la mejor manera de llevar a cabo esa tarea. Lo cierto es que a Saruman no le importaba demasiado la supervivencia de los Uruk-hais, pero no podía permitir que fallasen o todos sus esfuerzos habrían sido en vano. Saruman también conocía los defectos de los Uruk-hai, pues eran bestias leales y fieles, pero no tan independientes como los orcos. De esta forma se entiende que a no ser que estuvieran bajo un mando superior o un capitán que los dirigiera, los uruks no sacaban todo su partido durante los combates.

Sauron también tenía sus propios Uruk-hai. Éstos eran, a diferencia de los de Isengard, más grandes, fuertes y desarrollados, pero no tenían un nivel tecnológico ni unas armas tan avanzadas como las que Saruman proporcionó a los uruks. El color de la piel también variaba. Los uruks de Mordor no tenían la piel tan quemada como la de sus parientes de Isengard, debido a la escasa luz que entraba en Mordor y que les daba un color azul verdoso.

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