Robert Louis Stevenson

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Robert Louis Balfour Stevenson (Edimburgo, Escocia 13 de noviembre de 1850 – Upolu, Samoa, 3 de diciembre de 1894) es autor de algunas de las historias fantásticas y de aventuras más populares, como La isla del tesoro, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o La flecha negra adaptadas para niños y llevadas varias veces al cine en el siglo XX. Fue importante también su obra ensayística, breve pero decisiva en lo que se refiere a la estructura de la moderna novela de peripecias. Fue muy apreciado en su tiempo y algunas de sus obras son inmortales en la lista de la historia. No fue muy pródigo en lo que al género de cuentos se refiere, sin embargo, uno de ellos consiguió adquirir cierta popularidad: El diablo de la botella.

Proveniente de una familia burguesa, multi consular, Robert pasó una infancia feliz y despreocupada. Debido a la marchita salud de su madre no cursó estudio alguno durante su niñez. Esto hizo que a la edad de 8 años fuera totalmente analfabeto. Durante su adolescencia, Robert acompañó a su padre en sus frecuentes viajes, lo que le inspiró en algunas de sus obras. Ingresó en la Universidad de Edimburgo como estudiante de Ingeniería Náutica. Sin embargo, la elección de la carrera fue más por la influencia de su padre, que era ingeniero, que por gusto propio. Esto le llevó al abandono de la ingeniería en pos del estudio de las leyes. En 1875 empezó a practicar la abogacía. Tampoco tuvo una carrera brillante en este campo, ya que su interés se concentraba en el estudio de la lengua.

Enseguida aparecieron en él los primeros síntomas de la tuberculosis e inició una serie de viajes por el continente. En 1876, a los 26 años, en Grez (Francia) conoció a Fanny Osbourne, una norteamericana que le llevaba diez años. Fanny estaba separada de su marido; con su hija Belle y sus hijos descansaba y pintaba. Stevenson y Fanny se enamoraron. Publicó su primer libro en 1878. Ella partió a California, para tramitar su divorcio, y Stevenson la siguió un año después. Se casó con ella en 1880, a los 30 años. La pareja vivió un tiempo en Calistoga, en el Lejano Oeste. Escribió historias de viajes, aventuras y romance. Su obra es muy versátil: ficción y ensayo.

A partir de ese año, la salud de Stevenson comenzó a empeorar. El matrimonio se mudó a Edimburgo, luego a Davos, Suiza, y finalmente se instaló en una finca que el viejo Stevenson les regaló, en el balneario de Bournemouth. Tres años más tarde partieron a Nueva York, donde Stevenson hizo amistad con Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer. Tras una breve estadía en San Francisco, deciden realizar un viaje hacia las islas del Pacífico Sur, donde finalmente se establecen con los hijos de Fanny, la hija de ésta, Belle, y la señora Stevenson (el padre del novelista había muerto para entonces). No es precisamente un rechazo furioso de la civilización: la casa del matrimonio es confortable; la relación de Stevenson con los aborígenes —que lo bautizan como Tusitala, («el que cuenta historias»)— es cordial, pero política: de hecho, el escritor toma partido por uno de los jefes locales contra la dominación alemana del archipiélago y escribe en la prensa británica sobre la penosa situación samoana.

Murió de un ataque cerebral. Un año antes, relató en una carta: Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos. Su cuerpo fue enterrado en la misma isla, en el monte Vaea.

OBRA DESTACADA:

Título: El diablo de la botella

Sinopsis:

Keawe, el protagonista, es oriundo de Hawai. Un día siente la necesidad de conocer otras tierras, así que se dirige a San Francisco. Allí ve una casa preciosa, pero el dueño es un viejo que parece triste. Keawe se pregunta cómo el dueño de una casa tan hermosa puede ser tan infeliz. Entonces el viejo le muestra una botella de vidrio blanco, pero que en su interior se podían ver los colores cambiantes del arco iris. El anciano le dice que en el interior de la botella habita un demonio, y que ese demonio le concederá cualquier deseo, excepto alargarle la vida. Pero poseer la botella tenía sus consecuencias: si el dueño de la botella moría sin venderla sería llevado al Infierno. Además, para vender la botella había unos requisitos: tenía que venderla a un valor menor del que la había comprado, el valor sólo podía ser pagado en monedas y tenía que ser con el libre consentimiento del comprador. Y Keawe, pese a todo, se convierte en el nuevo propietario...

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